lunes, 18 de agosto de 2008

OFENDE QUIEN PUEDE

“Señor Colomer, ¿pregunta?. No tiene el uso de la palabra.
Señores, ¿alguna otra pregunta? Se levanta la sesión.
¡Qué hijo de p...!”

Con esta soez frase pronunciada por su Presidente acabó el pleno de la Diputación. No quedará recogida en el acta porque la sesión concluye instantes antes, pero está perfectamente grabada y difundida en internet, junto con la intervención completa de la persona a la que iba dirigido el insulto. Si alguien está interesado puede acceder a ella en la dirección http://es.youtube.com/watch?v=ewaJaz50gXs

¿Por qué el insulto? Porque el portavoz de la oposición había defendido una moción para que la Diputación instara a la Administración de Justicia a poner los medios necesarios que permitan concluir los diversos procesos seguidos contra el Presidente y, de una vez por todas, se deje a la institución libre de la afrenta que supone estar presidida por un hombre imputado de tantos presuntos delitos.

La cuestión, como todo el mundo puede entender, no es un asunto privado, pues afecta a un alto representante público de toda la provincia y a un destacado dirigente político.No existe en España otra institución que esté sometida a semejante situación y durante tanto tiempo. Es tal su gravedad, y son tantos los presuntos delitos de los que está imputado, que se requiere conocer la verdad y, como defiende el imputado, saber que todo es un cúmulo de falsedades.

El “¡qué hijo de p...!” tiene, cómo no, una clara intención ofensiva, pero deja entrever un respingo de admiración, como si quisiera decir, siguiendo con el lenguaje barriobajero “¡cómo me la ha metido!”, acusando el golpe, y esto, en la dialéctica política, tiene su importancia. El señor Fabra sabe que tarde o temprano la justicia hablará y no habrá “manta política”, como dice el señor Colomer, que pueda taparlo.

Lo triste de todo esto es, por otra parte, que no afecta solamente a una persona pública. Hay una camarilla alrededor tan pringada ética y políticamente como él. Nada más hay que observar las actitudes, risotadas y comentarios del señor Martínez y del señor Aparici con que acompañan las palabras del Presidente. Y al margen del trapicheo político, en el plano puramente personal, siendo como son personas como las demás, con familia, con hijos e hijas, me pregunto si no se habrán parado alguna vez a pensar si creen que se sienten íntimamente orgullosos de sus padres.

¿Cómo puede ofender tal insulto? Sólo ensucia la boca de quien lo pronuncia.

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