jueves, 1 de marzo de 2018

El ciclo de la herida

Una vez consumado el ciclo de la herida
bajo el gris aguado del vuelo circular
de insectos, mariposas y polillas
no habrá más opción
que volver a las andadas y reclamar
el único indicio que puede romper
las oxidadas cadenas del tiempo amargo.

Jamás podrán escamotear presagios
ni exigir indultos a letrados incorruptos:
la flor del azafrán ya se ha incendiado
e inunda con su olor cielos, praderas, campanarios.

¡Qué fatídico impulso les obligó a callar,
cuántas veces interrumpieron sus grotescas pesadillas!

Está por ver si en el fondo del abismo
quedan restos de argucias calcinadas,
fósiles experimentos ya petrificados,
o gusanos bien alimentados esperando
de nuevo el milagro
de la frágil y áspera crisálida.

jueves, 22 de febrero de 2018

Ver ver

Por un ángulo feliz de la máscara espejo
se me asoma el verso,
ataviado con su sombra pertinaz,
empeñado en hilar palabras enfermas.
No me oculto, aunque se obstina el disimulo,
y consigo llenar la blanca sábana lecho tumba
con ver-ver-sos de diferentes pelajes:

re
    versos         dejando fluir pensamientos
                      que me llevan hacia atrás,
                                   o en sentido contrario.
                                            [léase  oditnes]
per
      versos       dispuestos a cortarle la cabeza
                      al decreto-ley y reírse
                      del vigésimo mandamiento.

con
      versos       voluntariosos, ojos de perdiz,
                      para ayudar a todo el mundo
                      con las manos atadas a la espalda.

ca      no
    ver    sos     con ideas frías criadas
                        en oscuro lecho de hongos.

      do   
ver     sos        surgidos, sin quererlo, del último
                      rincón de la conciencia.

      tigino
ver          sos   que vienen acelerados sin pulsión
                      para cubrir las carencias
                                                   del momento.


                      ver     ver    ver     pidiendo     sos

A remar

¡A remar, a remar!
¡Siempre remando, ése es mi lema!
le dijo el galeote al quijano
manos y pies encadenados
atado a la cuerda de presos.

—¿Y si te libero?—
        le respondió el loco.

—¿Eres tú más libre
prisionero de tus ideas?
¿Adónde iré sin mi remo?—
        le espetó el condenado con desprecio.

La mujer del cuadro

La miro de soslayo
la miro
la miro
                        sí
y ya no puedo evitarlo.

Esta mujer silencio
pintada de azul en el cuadro
plantada ante mí de frente
con un niño entre los brazos
me mira ceniza en los ojos
me suplica labios de acero
que le acompañe a su tierra
a llorar sal con los vivos
a enterrar a los muertos.

He ido he estado allí y he vuelto
para contarlo,
un viaje de un solo instante
con el tiempo detenido
en un instante sin tiempo
sin luna sin luz atrapado.

La mujer del cuadro observa
mirada de azul cobalto
mis manos sucias de polvo
escombro en los zapatos
toneladas de tristeza
huellas de dolor en el suelo
tras mis pasos.

viernes, 9 de febrero de 2018

de madrugada

de madrugada nada va y es
el ojo herrado la boca que moja
el gozo superfluo para
tararear jirones de estrofas
en la cavidad jungla para oler
las tuberías de un planeta
            ignorado


            porque quieres alargar
la mano del misterio
hacia la blanca
            luna
donde se inclina
la música celestial
del firmamento alado

¿dónde queda el sopor
un hálito del vencimiento?


Oigo voces

Oigo voces
próximas                                            lejanas
nítidas                        en / tre / cor / ta / das

me persiguen      me rodean
me tocan     y      pasan de largo.

Voces              gesticulantes              monologantes
                        planas                         insulsas
                        arrogantes                  ridículas
                        agresivas                    indecisas
                        carcajeantes               lloronas

(h)ablan  -  dando       el aire
            ecos
                        de ecos
                                               de ecos


Sólo escucho los silencios de Juan
el camarero que transita tras la barra del bar.

Me mira y no dice nada.

viernes, 12 de enero de 2018

La vida sigue igual…

Dicen que albergo el virus del pesimismo permanente, que vive en simbiosis complacida con las bacterias del escepticismo, crecidas y multiplicadas en el caldo de la edad madura. No les falta razón: me reconozco pesimista y escéptico, sobre todo en lo que se refiere a la política y, en concreto, a la política educativa. Y es que nací en este país valenciano naranjero y he tenido la suerte de probar diversos sabores, dulces, amargos e insípidos. ¿Cómo ser optimista ante el decadente, deteriorado y decepcionante panorama educativo que se nos ofrece?
Los datos de los organismos internacionales de evaluación (informe PISA y compañía) así lo indican, pero lo que olemos los docentes no deja lugar a dudas. Los veinte años, uno detrás de otro, de gobiernos de la derecha en la Generalitat han dado los frutos deseados, y, como sabemos, no era una derecha cualquiera: una derecha instalada en un extremo de su ideología neoliberal, corrupta y prepotente. Llenándose la boca de palabras-humo (libertad, futuro, calidad…) y echando la culpa, entre otras, a leyes no deseadas, se dedicó con saña en sus inapelables objetivos: cuidar en los centros confesionales sus viveros de votos, hacer negocios ilícitos a cuenta de las obras, dejar a su aire al sector público, dedicándole el mínimo esfuerzo, y practicar la estrategia del avestruz ante las cuestiones de personal, por aquello de evitar problemas añadidos con los sindicatos.
Razones ideológicas aparte, y dejando al margen la eterna disyuntiva pública/privada, los factores referentes al profesorado son, han sido, determinantes para llegar a la situación actual, focalizados en estas realidades:
- La ausencia real de control de la labor docente, sustituida por una superabundancia de burocracia inútil, y una total falta de exigencia de responsabilidades en el ejercicio de cualquier función.
- La exagerada e insoportable inestabilidad de las plantillas en los centros, con una abultadísima bolsa de interinos, provisionales y comisiones de servicios. El sistema de otorgamiento de estas últimas se ha convertido en un pseudoconcurso de traslados paralelo totalmente discrecional.
- Una flagrante y continuada inobservancia de la legalidad, amparada impúdicamente por los colectivos sindicales. Lo que ha propiciado, además, la sensación generalizada de amiguismo y compadreo.
- Y una deficiente formación inicial del profesorado, motivada sobre todo por la mínima nota de corte para el acceso a la universidad, unos planes de estudios manifiestamente mejorables y un sistema de ingreso a la función pública penoso y, lo que es peor, poco fiable y creíble. La escasez de capacidades y habilidades pedagógicas de los docentes se enmascara con la invocación a una supuesta violencia del alumnado y la falta de autoridad y apoyo social.
De todo ello, quizá lo más llamativo sea el grave conflicto de la gran bolsa de interinos, cuyo número total se guarda celosamente (la última oferta, del 11 de enero, para cubrir sustituciones y vacantes, era de 230 plazas, aunque se hablaba en el pasado mes de julio de la necesidad de sacar 13.000). Su reivindicación para consolidar sus puestos se ha convertido en uno de los principales conflictos con la administración, que debe cumplir, por encima de todo, los principios constitucionales de igualdad, mérito, capacidad y publicidad. Profesorado interino con el único mérito de los servicios prestados, sin ninguna evaluación objetiva de su prestación. Nadie menciona la flagrante y permanente trasgresión de la ley, la Ley 10/2010, de 9 de julio, de la Función Pública Valenciana, que regula, en su artículo 16, la figura del funcionariado interino. El punto 16.1 habla de su nombramiento «por razones expresamente justificadas de necesidad y urgencia», y que en todo caso será «una relación de carácter temporal». El punto 16.2 los justifica por «la existencia de puestos de trabajo vacantes cuando no sea posible su cobertura por personal funcionario de carrera…» ¿Por qué, siendo necesarios, no se han convocado las oportunas oposiciones en número suficiente? ¿Cómo se puede entender ese engendro de ‘aprobado sin plaza’? ¿Por qué se suprimieron 5.000 puestos?
Pero actualmente la administración educativa de la Generalitat está en otras manos. El Acord del Botànic otorgó la responsabilidad a la Coalició Compromís, que la exigió por intereses varios, entre otros porque tiene un arraigo especial entre el profesorado, con un apoyo determinante de un concreto sindicato, del que es integrante el máximo responsable de la Conselleria.
     Y el hecho es que, lejos de vislumbrarse vías de solución del problema, parece enquistado por la imposibilidad de conciliar cuestiones de legalidad y de intereses corporativos. Mientras, el sistema educativo valenciano sigue su deriva decadente. Desgraciadamente, la vida sigue igual… de mal.