viernes, 15 de mayo de 2015

Presentación de 'Allí, abajo, abajo'



Presentación de la exposición en la Cafetería Los 9 Novísimos
Asistencia de amigos y representantes de Oxfam Intermón

lunes, 23 de marzo de 2015

para qué

reguero de sombras en el camino irreconocible
sombras deformadas
insensibles
ciegas
sordas
mudas

sin voz para gritar el silencio
                                               para qué la voz

ciegas a la ceguera de tanta oscuridad
                                               para qué la luz

sordas a la sordera del autismo colectivo
                                               para qué la palabra

insensibles a la insensibilidad coraza de plasma
                                               para qué el afecto
                                               el odio
                                               el odifecto

amnésicas a la amnesia decretada sermoneada
                                               para qué la memoria

deshumanizadas de sí mismas
                                               para qué el camino

                                               para qué

sábado, 14 de marzo de 2015

UNA PUNZADA EN EL ESTÓMAGO

Esa noche, contemplando una vez más el cielo estrellado en su particular observatorio, sintió una punzada en el estómago. Estaba recostado en el diván de la azotea de su casa, en Taregna, donde había nacido y pasado la mitad de su vida dedicada al estudio del firmamento, a los cálculos matemáticos y a la geometría. Él, a sus 52 años, era un hombre afamado, admirado por los poderosos, quienes le consultaban por sus explicaciones sobre los sobrecogedores eclipses, por su gran sabiduría y ponderación. Es más, quien más quien menos dedicaba horas de sueño a desentrañar la ciencia encerrada en los libros de este sabio, Aryabatha, que seguía aferrado a la tradición védica utilizando las letras del alfabeto para sus anotaciones numéricas.

Volvió una segunda punzada, que le hizo sopesar una extraña coincidencia. Según su particular calendario, era la noche del 19 de junio, o sea, que habían pasado 200 días de aquel año tan especial, el 528 de la era común, y con su largo catalejo de 160 angulas había contado 119 puntos luminosos que se destacaban en la negrura celeste.

¡Era increíble! Su mente matemática le condujo por una serie de cálculos absurdos, multiplicando el número de estrellas contadas esa noche por el año en curso, por una parte, y la longitud del catalejo por los días transcurridos en ese año por otra. Las dos cantidades se le aparecieron como flases al cerrar los ojos una y otra vez: 62832 y 20000.

Únicamente un impulso del más allá podía haber reunido aquellos disparatados datos, pero así era: solo tenía que relacionar las dos cantidades mediante una simple división para obtener los cinco dígitos que le habían dado ese día del incipiente verano la mayor de sus satisfacciones, el 3,1416 que todos los matemáticos andaban buscando.



martes, 17 de febrero de 2015

plumamanocabezatemblor

La  pluma
arrastra la mano para emborronar alientos
oscuras voces que golpean la boca cerrada
y la lengua mordida en cobres y tardanzas.


La mano
ajusta el perfil lacónico cabalgador sin traza
fedora de paño inglés en el viejo letargo
ladeando la mimética cabeza trasnochada.


La cabeza
escupe el temblor de un recuerdo oculto
nacido en la mudanza de la vida previsible
paréntesis con esporas en el agua duplicada y sucia.


El temblor
enciende la pluma depositada en la curva alada del verbo
prolongado tantas veces como devorado otras
por el astro deudor cero y uno para el todo y la nada.

miércoles, 21 de enero de 2015

enlutado siento
el daño próximo
chacal ardiente de
esculpida plaga
que engolfa azul
el lacayo mudo
en la estancia fluida
y la mortaja breve

                      siento esculpida la
                      breve estancia donde
                      el chacal mudo
                      plaga ardiente
                      engolfa el daño
                      en la mortaja próxima
                      fluida y azul
                      de un lacayo enlutado

                                              siento la plaga
                                              azul y próxima
                                              mortaja de un chacal
                                              enlutado y fluido
                                              breve lacayo
                                              que engolfa la estancia
                                              del daño esculpido
                                              ardiente y mudo

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Al filo de las seis

Al filo de las seis abre los ojos el humo
brazo siniestro que encara el aire
mientras ella, rodilla en tierra
traza una cruz de agónica ceniza.

Nadie responde, nadie pregunta.

Si estuvieran muertos no llorarían
la sombra de la ausencia
ni mostrarían las gotas de sangre
en las camisas recién planchadas.

No están muertos, solo callan.

Inmóviles juncos clavados en el fango pantanoso
maniquíes de la penúltima hornada
ni siquiera miran, ni siquiera saben
pero no importa.

Hecha la cruz mostrará su cara
salvaje, desmedida, insalvable
señalando el punto indeciso
donde el cielo ya es ojo
donde el humo ya es cielo
y se hundirá, rota, en las tranquilas aguas
de su herida.