No
todas, por supuesto. Las hay – como algunas pagadas por los partidos para darse
autobombo o generar opinión - , que la interpretación de sus resultados ha sido
pactada en el contrato y, por tanto, sobran las especulaciones.
Otras, no: se las supone serias y sin sesgos espurios, y sus resultados merecen
una cierta atención. Una de éstas es la última del CIS, que ofrece un repunte
en la preocupación por el paro como principal problema de nuestra sociedad y
una bajada de intención de voto al PSOE mientras la del PP se mantiene intacta,
lo que da una diferencia de un 13% a favor del partido de Rajoy. Es el precio
que tiene que pagar un gobierno cuando toma decisiones muy difíciles para salir
de una situación de crisis como la que estamos padeciendo. Esperamos que los
signos de la recuperación sean lo suficientemente visibles para que la sociedad
valore en su justa medida, antes de la próxima confrontación electoral, que los
esfuerzos no han sido en vano. Además, la reciente remodelación del equipo de
gobierno va a suponer un revulsivo que la sociedad no dejará de percibir, y la
estabilidad conseguida gracias a los pactos con otras fuerzas parlamentarias
van a dar un plus de credibilidad que, sin duda, será valorado positivamente en
próximos sondeos.
Otra muy interesante es la publicada el pasado 10 de octubre por uno de los
diarios nacionales de mayor tirada con ocasión de la celebración del Día de la
Comunidad Valenciana y realizada por Metroscopia sobre las cuestiones políticas
de mayor calado para los valencianos. Tiene, sin duda, suficientes garantías de
rigor en sus resultados y merece interpretarla con cierto detenimiento e,
incluso, especular con alguno de ellos. El diario ya resaltaba las valoraciones
más significativas, que nos atrevemos a resumir:
La primera, la opinión casi unánime de la sociedad valenciana sobre la
necesidad de que la Generalitat haga algo ante la situación económica y la
elevada tasa de paro: le reclama que deje de mirar hacia otro lado y le exige
un plan de choque. Los encuestados parecen no saber que al gobierno del PP en
la Generalitat le vienen muy bien los datos del paro, siempre que pueda
endosárselos en el debe del gobierno de Madrid. La encuesta del CIS lo
corrobora.
Otra interpretación reveladora, al hilo de la anterior, se refiere a la
sensación de parálisis que se tiene del Consell, de la bajísima valoración de
sus responsables, de la ínfima puntuación de la gestión de la Educación y de su
conseller, Font de Mora. Es, con mucho, el servicio con mayores deficiencias.
Como tercer dato, el aumento significativo de la apreciación de la corrupción
como un problema al alza de nuestra sociedad. Un problema que, lejos de
amainar, cuenta cada día con nuevas tramas, como la que parece vislumbrarse en
la conselleria de Rafael Blasco y las subvenciones millonarias a ciertas
fundaciones.
Pero, con todo, las interpretaciones anteriores, de carácter general, no añaden
nada que no se supiera de antemano. Sólo dan credibilidad a otras cuestiones de
la encuesta cuya valoración tiene más interés por cuanto se refieren a un
ámbito territorial menor, a nuestra ciudad y provincia.
Entremos a especular mínimamente sobre los porcentajes de conocimiento y las
valoraciones que los encuestados otorgan a nuestros líderes locales, pues van a
ser protagonistas dentro de unos meses en una nueva contienda electoral. Se
trata de inferir, pues los datos de la encuesta no están territorializados
provincialmente. Pero partiendo de la distribución de la muestra utilizada
(1000 encuestados, de los que 300 eran de Castellón, 300 de Alicante y 400 de
Valencia), nos permiten realizar esclarecedoras interpretaciones nada
aventuradas. Veamos el caso:
El porcentaje de conocimiento por los encuestados del candidato socialista y
actual portavoz municipal Juan María Calles es el 11%, es decir, que de las
1000 personas encuestadas, solamente saben quién es 110. Pobre resultado, se
pudiera decir; pero si valoramos este dato sabiendo que con toda probabilidad
casi todas son de Castellón (el grado de conocimiento de Calles fuera de su
ámbito de actuación política debe ser ínfimo), el porcentaje se eleva a más del
30%, lo que indica un nivel de conocimiento nada despreciable.
No ocurre lo mismo con su oponente y actual alcalde Alberto Fabra, que muestra
un porcentaje de conocimiento del 54%. Con dos periódicos locales a su
disposición, una televisión local y las autonómicas a su servicio, no es de
extrañar que el grado de conocimiento de su persona por los castellonenses sea
superior al 80%, lo que eleva el porcentaje para los del resto de valencianos
al 40%.
No queda la cosa aquí. La clave nos la da la valoración que de unos y otros
otorgan los encuestados a diversos políticos valencianos. La de Calles, en
alza, supera con creces la media de los valorados, mientras que las de los
Fabra, Alberto y Carlos, los sitúan en los dos últimos lugares de la lista, con
puntuaciones que causan rubor, a pesar de los homenajes y demás parafernalias.
Podrá decirse que es una interpretación sesgada, pero la gente los conoce,
¡vaya si los conoce!
miércoles, 13 de octubre de 2010
miércoles, 25 de agosto de 2010
OBVIEDADES
‘Obvio’,
adjetivo cuyo origen latino (ob-vius) tiene el sentido de disponerse en el
camino adecuado para hacer fácil la travesía, ha cambiado su semántica para
indicar algo que no necesita más explicación, por lo evidente. Del adjetivo
surge el verbo: obviar, con el significado de apartar, de dejar a un lado algún
obstáculo que dificulta la marcha. Y de ambos nace el sustantivo: obviedad, lo
que está demás e, incluso, resulta inútil, machacón o ingenuo.
Perdón por esta introducción excesivamente académica.
Paula Sánchez, la portavoz del PP, ve “obvio” –entrecomillado lo leemos en la prensa – que Camps es el candidato. Por tanto, no parece que quiera dar mayor explicación a tal decisión, tan evidente le resulta. No está designado, se salta el calendario electoral y, por supuesto, los procesos judiciales. Camps es “el candidato”, el que mejor representa la imagen, las ideas y los modos de hacer política del PP. Es, para ella, el valenciano por excelencia, el más honorable de los honorables. Ni Gürtel, ni Bigotes, ni trajes, ni regalos, ni chanchullos en contratas, ni despilfarros, ni nada de nada. Tienen la conciencia a buen recaudo y, cómo no, esperan, como Fabra, que el pueblo les absuelva y, por ende, los tribunales.
Pues no. Obvio lo será para ella, no para la mayoría de los mortales, muchos afiliados y votantes del PP incluidos, que quieren pasar página de tanta charcutería política. Aunque sí lo es que así se manifieste, aunque tenga que tragarse el sapo.
Obvio era – por pasar a otros temas de la actualidad agosteña – que el mil veces anunciado aeropuerto de Castellón no se inaugure este año. La nefasta gestión económica del Consell es un lastre para un lustro, como poco. Y obvio es que nos estamos achicharrando, que el Toharia se equivocó, que no lo reconocerá y que seguirá con su periodismo científico en su poltrona como si tal cosa.
Perdón por esta introducción excesivamente académica.
Paula Sánchez, la portavoz del PP, ve “obvio” –entrecomillado lo leemos en la prensa – que Camps es el candidato. Por tanto, no parece que quiera dar mayor explicación a tal decisión, tan evidente le resulta. No está designado, se salta el calendario electoral y, por supuesto, los procesos judiciales. Camps es “el candidato”, el que mejor representa la imagen, las ideas y los modos de hacer política del PP. Es, para ella, el valenciano por excelencia, el más honorable de los honorables. Ni Gürtel, ni Bigotes, ni trajes, ni regalos, ni chanchullos en contratas, ni despilfarros, ni nada de nada. Tienen la conciencia a buen recaudo y, cómo no, esperan, como Fabra, que el pueblo les absuelva y, por ende, los tribunales.
Pues no. Obvio lo será para ella, no para la mayoría de los mortales, muchos afiliados y votantes del PP incluidos, que quieren pasar página de tanta charcutería política. Aunque sí lo es que así se manifieste, aunque tenga que tragarse el sapo.
Obvio era – por pasar a otros temas de la actualidad agosteña – que el mil veces anunciado aeropuerto de Castellón no se inaugure este año. La nefasta gestión económica del Consell es un lastre para un lustro, como poco. Y obvio es que nos estamos achicharrando, que el Toharia se equivocó, que no lo reconocerá y que seguirá con su periodismo científico en su poltrona como si tal cosa.
jueves, 29 de julio de 2010
¡QUÉ VERANITO!
Confieso
que nunca me cayó bien Manuel Toharia, siquiera cuando siendo joven (él, y yo
más) salía en la tele de la transición como hombre del tiempo, con su voz
picuda y su porte empalagoso. Su carrera en la dirección de programas
televisivos y revistas de divulgación científica fue meteórica, y dándole igual
a un roto que a un descosido se convirtió poco menos que en paradigma de la
ciencia a la medida de nuestras clases medias.
Todos los palos tocó, siempre que fueran lucrativos: libros, vídeos, revistas… Y por eso le vimos protagonista por nuestras latitudes, esta vez firmando un libro de encargo, pagado por Endesa, la empresa titular de la central térmica de Andorra, en el que intentaba demostrar – él, que siendo físico se autodefine como periodista científico – que la lluvia ácida que por los años ochenta corroía los montes de El Maestrazgo y Els Ports no provenía de las emanaciones sulfurosas de la central turolense. Ponía su granito de arena en la guerra mediática que se libró paralelamente a la judicial por delito ecológico. Olía a chamusquina la profesionalidad del periodista, no tanto por la lluvia ácida como por sus anchas tragaderas, y jamás se le oyó rectificación alguna tras la comprobación de la vinculación de la central por un comité (independiente) de expertos.
No pasó mucho tiempo para que pudiéramos comprobar definitivamente de qué pie cojeaba el susodicho, pues recién inaugurado el Mueso de las Artes y las Ciencias de Valencia, el gobierno de Zaplana lo nombró su director. Y allí sigue, haciéndose famoso no tanto por su gestión como por sus polémicas manifestaciones relativizando el problema del cambio climático, llamando mentiroso a Al Gore o bramando contra los ecologistas.
En su línea, a principios de verano se le escapó otra perla, y pronosticó – ‘científicamente’, dada su condición – que éste sería más fresco de lo normal, vamos que de calentamiento, nada de nada. Quizá estaba pensando que iba a pasarlo sin salir de su apartamento, que tiene aire acondicionado hasta en la caseta del perro.
Con los agobios que hemos pasado día sí día también, me he acordado del Toharia y de sus vaticinios más de lo recomendable. ¡Qué veranito!
Todos los palos tocó, siempre que fueran lucrativos: libros, vídeos, revistas… Y por eso le vimos protagonista por nuestras latitudes, esta vez firmando un libro de encargo, pagado por Endesa, la empresa titular de la central térmica de Andorra, en el que intentaba demostrar – él, que siendo físico se autodefine como periodista científico – que la lluvia ácida que por los años ochenta corroía los montes de El Maestrazgo y Els Ports no provenía de las emanaciones sulfurosas de la central turolense. Ponía su granito de arena en la guerra mediática que se libró paralelamente a la judicial por delito ecológico. Olía a chamusquina la profesionalidad del periodista, no tanto por la lluvia ácida como por sus anchas tragaderas, y jamás se le oyó rectificación alguna tras la comprobación de la vinculación de la central por un comité (independiente) de expertos.
No pasó mucho tiempo para que pudiéramos comprobar definitivamente de qué pie cojeaba el susodicho, pues recién inaugurado el Mueso de las Artes y las Ciencias de Valencia, el gobierno de Zaplana lo nombró su director. Y allí sigue, haciéndose famoso no tanto por su gestión como por sus polémicas manifestaciones relativizando el problema del cambio climático, llamando mentiroso a Al Gore o bramando contra los ecologistas.
En su línea, a principios de verano se le escapó otra perla, y pronosticó – ‘científicamente’, dada su condición – que éste sería más fresco de lo normal, vamos que de calentamiento, nada de nada. Quizá estaba pensando que iba a pasarlo sin salir de su apartamento, que tiene aire acondicionado hasta en la caseta del perro.
Con los agobios que hemos pasado día sí día también, me he acordado del Toharia y de sus vaticinios más de lo recomendable. ¡Qué veranito!
miércoles, 16 de junio de 2010
ICONOS URBANO
La
ciudad tiene un lenguaje propio, nos comunica con sus múltiples elementos
urbanos un sinfín de mensajes, de melodías, de silencios. “El discurso de la
ciudad – nos dice Margulis - tiene sus particulares juegos de lenguaje que
difieren en su lógica y alcance de los que se manifiestan en el nivel
lingüístico, y dentro de éste, en sus distintos planos temáticos”. A estos
planos nos referimos.
Bien es cierto que la mayoría de los objetos que nos rodean pasan ante nosotros – nosotros ante ellos, más bien – sin pena ni gloria, de forma anodina y plana. Otros, por el contrario, se nos devienen singulares, nos quedan marcados en la retina y cobran significación. Y de éstos, casi todos – a pesar de su gran formato o su relativo componente artístico – sólo aguantan una primera impresión, el primer impacto atrayente por lo novedoso, pero pronto se difuminan en la bruma de la cotidianeidad.
Solamente algunos son capaces de pervivir y engrandecerse a fuerza de verlos día tras día. Se convierten, para aquellos que son capaces de apreciar su lenguaje, en pequeños iconos urbanos que nos hablan de la ciudad y sus gentes, entrando poco a poco a formar parte del alma colectiva.
No es necesario que sean monumentales: les sobra con su elocuencia. Y en Castellón los tenemos por doquier. Uno de ellos es el que muestra la fotografía: situado en la rotonda que precede al modermo puente sobre el Riu Sec, a las puertas de la Universidad y enmarcada por el grandioso edificio ortogonal de proporciones áureas, bien revestido de un gran macetero de 'trencadís' tan nuestro, el tronco seco y truncado de una enorme palmera que ha sucumbido al picudo es algo más que un ornamento maltrecho. Es una auténtica alegoría, está cargado de una simbología que nos resume gráficamente la coyuntura de la ciudad.
Nos habla, cómo no, de los problemas medioambientales que padecemos, y con ellos, a esta plaga de picudo rojo que está devastando nuestro patrimonio palmero. Hay otros picudos que atropellan parques y paseos, como el Tram por el Ribalta, pero a éste, el rojo, cual plaga infernal, algunos lo habrían calificado en otros tiempos también de masón y de otros improperios malsonantes, los mismos que ahora son capaces de atribuir sus nefastos orígenes a socialistas y zapateros.
También nos habla de dejadez, de falta de iniciativa, de mala gestión, de la atonía de gobernantes incapaces tan siquiera de sanear la palmera afectada para que no se extienda la epidemia. Y nos revela, ejemplarmente, sin artificios, el verdadero significado de esta zona urbana, la oeste, donde conviven elementos de gran singularidad con unas carencias históricas de servicios básicos y, en algunos casos, casi tercermundistas.
También habrá quien quiera ver en la decrepitud malsana del tronco muerto la esencia de los efectos que la corrupción ha extendido por la ciudad. Y, aún más, alguno apuntará a la erección fálica que representa, símbolo de la chulería machista de ciertos prebostes de nuestra tierna sociedad.
Bien es cierto que la mayoría de los objetos que nos rodean pasan ante nosotros – nosotros ante ellos, más bien – sin pena ni gloria, de forma anodina y plana. Otros, por el contrario, se nos devienen singulares, nos quedan marcados en la retina y cobran significación. Y de éstos, casi todos – a pesar de su gran formato o su relativo componente artístico – sólo aguantan una primera impresión, el primer impacto atrayente por lo novedoso, pero pronto se difuminan en la bruma de la cotidianeidad.
Solamente algunos son capaces de pervivir y engrandecerse a fuerza de verlos día tras día. Se convierten, para aquellos que son capaces de apreciar su lenguaje, en pequeños iconos urbanos que nos hablan de la ciudad y sus gentes, entrando poco a poco a formar parte del alma colectiva.
No es necesario que sean monumentales: les sobra con su elocuencia. Y en Castellón los tenemos por doquier. Uno de ellos es el que muestra la fotografía: situado en la rotonda que precede al modermo puente sobre el Riu Sec, a las puertas de la Universidad y enmarcada por el grandioso edificio ortogonal de proporciones áureas, bien revestido de un gran macetero de 'trencadís' tan nuestro, el tronco seco y truncado de una enorme palmera que ha sucumbido al picudo es algo más que un ornamento maltrecho. Es una auténtica alegoría, está cargado de una simbología que nos resume gráficamente la coyuntura de la ciudad.
Nos habla, cómo no, de los problemas medioambientales que padecemos, y con ellos, a esta plaga de picudo rojo que está devastando nuestro patrimonio palmero. Hay otros picudos que atropellan parques y paseos, como el Tram por el Ribalta, pero a éste, el rojo, cual plaga infernal, algunos lo habrían calificado en otros tiempos también de masón y de otros improperios malsonantes, los mismos que ahora son capaces de atribuir sus nefastos orígenes a socialistas y zapateros.
También nos habla de dejadez, de falta de iniciativa, de mala gestión, de la atonía de gobernantes incapaces tan siquiera de sanear la palmera afectada para que no se extienda la epidemia. Y nos revela, ejemplarmente, sin artificios, el verdadero significado de esta zona urbana, la oeste, donde conviven elementos de gran singularidad con unas carencias históricas de servicios básicos y, en algunos casos, casi tercermundistas.
También habrá quien quiera ver en la decrepitud malsana del tronco muerto la esencia de los efectos que la corrupción ha extendido por la ciudad. Y, aún más, alguno apuntará a la erección fálica que representa, símbolo de la chulería machista de ciertos prebostes de nuestra tierna sociedad.
jueves, 10 de junio de 2010
DICCIONARIO ACCIDENTAL (con la A)
Ajuste. Conjunto de medidas impopulares tomadas por gobiernos de media Europa, de derechas y de izquierdas, pero que le vienen muy bien a los populares de aquí, único medio para llegar al gobierno.
‘Ande’ andará? Pregunta retórica que, como tal, no espera respuesta. Se utiliza así, en términos coloquiales, para redondear la frase que describe la situación del señor alcalde, que ni está, ni se le espera.
Antiloquesea. Alternativa económica o plan B. ‘B’ de barraqueta, de butifarra, de bufanúvuls. Plan alternativo que dice tener don Mariano para sacarnos de la crisis y recuperar empleo. Plan que le ha dictado un primo suyo y que otros conocen como plan ‘V’, de vacío y vacuo, de ‘vayaustéasaber’, de ‘váyaseseñorgonzález’ (o zapatero).
Arrimar el hombro. Dícese de la acción colectiva que se pide en tiempos de crisis a los que ya tienen el deltoides encallecido. Mientras, los de escápula fláccida – banqueros y especuladores - sonríen maliciosamente y aplauden la demanda.
Arroparse con la senyera. Recurso patético utilizado por el político que se ve semidesnudo, después de haberse metido en camisas corruptas de once varas y vestido con trajes de veintiún botones.
viernes, 7 de mayo de 2010
LA MÁQUINA DE LA VERDAD
Atónito
se quedó el molt honorable cuando Vicente Sus, presidente de la clínica Eresa,
una de las más favorecidas por la política privatizadora de la conselleria de
Sanidad, les explicó a él, a Rita y a la nutrida compaña, que el equipo de
resonancia magnética acabado de adquirir es capaz de determinar si un paciente
miente o no de una forma rápida, inocua e infalible. Un equipo de tres teslas
que lee los hemisferios cerebrales y refleja los resultados en una simple
imagen en la pantalla del ordenador.
Desconocemos – desde nuestra imperdonable incultura médica – cuál es la utilidad de tal aparato en las técnicas diagnósticas; si es para cerciorarse de que el paciente no engaña al facultativo con imaginarias dolencias (ahorrando consecuentemente gastos sanitarios) o si, además, escudriña recovecos de las circunvoluciones cerebrales en busca de ignotas causas de enfermedades mentales.
Pero sí sabemos que a más de uno se le pasó por la cabeza el gran provecho que se le sacaría en otras instancias, como la administración de justicia, o en las comparecencias públicas de los allí presentes y de otros muchos. El caso es que esto mismo debió pensar nuestro president, pues no quitó ojo a la cabecita luminosa de la pantalla por si, en un alarde de sofisticada técnica, le escaneaba telepáticamente y le arrancaba la cruda verdad de sus relaciones con El Bigotes.
Y es que la dichosa cabecita era clavadita a su esbelta fisonomía…
Desconocemos – desde nuestra imperdonable incultura médica – cuál es la utilidad de tal aparato en las técnicas diagnósticas; si es para cerciorarse de que el paciente no engaña al facultativo con imaginarias dolencias (ahorrando consecuentemente gastos sanitarios) o si, además, escudriña recovecos de las circunvoluciones cerebrales en busca de ignotas causas de enfermedades mentales.
Pero sí sabemos que a más de uno se le pasó por la cabeza el gran provecho que se le sacaría en otras instancias, como la administración de justicia, o en las comparecencias públicas de los allí presentes y de otros muchos. El caso es que esto mismo debió pensar nuestro president, pues no quitó ojo a la cabecita luminosa de la pantalla por si, en un alarde de sofisticada técnica, le escaneaba telepáticamente y le arrancaba la cruda verdad de sus relaciones con El Bigotes.
Y es que la dichosa cabecita era clavadita a su esbelta fisonomía…
martes, 6 de abril de 2010
SERÁ
Será:
futuro imperfecto del verbo ser. Ni presente, ni pasado: futuro; y, además,
imperfecto, con lo que tiene de incierto e inacabado.
Será…, del verbo ser. Un término que alude a la esencia de las cosas y al devenir de los acontecimientos, pero tan difuso él que hasta lo usamos como auxiliar de otros, para llenarlo de contenido.
Este ‘será’ es el que ha dado el sentido justo a las últimas declaraciones de Rajoy a propósito de la baja (temporal) del PP de Jaume Matas, exministro de Aznar, expresidente del gobierno balear y ‘ambaixador’ de la Comunidad Valenciana; posiblemente mañana inquilino de algún centro penitenciario. Ha dicho Rajoy: “El Partido Popular será implacable en la lucha contra la corrupción”.
Hay que fijarse bien y entenderlo en todo su sentido: será, en futuro. No es ni ha sido, sino será, y no sabemos cuándo ni cómo, por lo imperfecto. Y es cierto, porque hasta ahora ha sido y es muy condescendiente y complaciente; incluso, vergonzosamente cómplice, y lo de implacable suena a cachondeo. Ha eludido responsabilidades compartidas, con silencios clamorosos; ha tratado de desviar la atención; ha ensalzado públicamente a personas de todos conocidas incursas en graves procesos judiciales, y, llegado el caso, ha movido los hilos necesarios para manejarlos a su conveniencia partidista.
Será implacable. ¡Vaya sarcasmo!
Será…, del verbo ser. Un término que alude a la esencia de las cosas y al devenir de los acontecimientos, pero tan difuso él que hasta lo usamos como auxiliar de otros, para llenarlo de contenido.
Este ‘será’ es el que ha dado el sentido justo a las últimas declaraciones de Rajoy a propósito de la baja (temporal) del PP de Jaume Matas, exministro de Aznar, expresidente del gobierno balear y ‘ambaixador’ de la Comunidad Valenciana; posiblemente mañana inquilino de algún centro penitenciario. Ha dicho Rajoy: “El Partido Popular será implacable en la lucha contra la corrupción”.
Hay que fijarse bien y entenderlo en todo su sentido: será, en futuro. No es ni ha sido, sino será, y no sabemos cuándo ni cómo, por lo imperfecto. Y es cierto, porque hasta ahora ha sido y es muy condescendiente y complaciente; incluso, vergonzosamente cómplice, y lo de implacable suena a cachondeo. Ha eludido responsabilidades compartidas, con silencios clamorosos; ha tratado de desviar la atención; ha ensalzado públicamente a personas de todos conocidas incursas en graves procesos judiciales, y, llegado el caso, ha movido los hilos necesarios para manejarlos a su conveniencia partidista.
Será implacable. ¡Vaya sarcasmo!
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