El
pasado sábado, 22 de febrero, el Partido Socialista de Castellón aprobó la
candidatura que presentará a las próximas elecciones municipales, de la cual
formo parte y que, en una muy pequeña medida, he contribuido a hacerla
realidad. He de decir, de entrada, que me siento muy orgulloso de participar en
este proyecto colectivo, tanto como el primer día que comencé mi andadura como
socialista, allá por los años 70; más si cabe hoy, por las especiales circunstancias
sociales y políticas que nos encontramos.
Cualquiera que conozca mínimamente nuestra realidad sabrá a lo que me refiero:
veinte años de actividad política de oposición municipal, sin posibilidad
alguna de hacer efectivos nuestros proyectos y con grandísimos obstáculos para
darlos a conocer a la ciudadanía; unas elecciones hace cuatro años que, a pesar
de estas dificultades, nos pusieron a las puertas de alcanzar, por fin, el
éxito electoral; una sociedad desorientada y harta de tanta corrupción y zafiedad
políticas, incapaz muchas veces de diferenciar quién es quién; una grave crisis
económica que ha afectado con dureza a nuestra sociedad, de cuyo origen no
somos responsables, pero que nos obliga a soportar el rechazo que producen las
necesarias medidas para superarla. Estas son las complicadas circunstancias en
las que nos movemos.
Es una candidatura que representa la mayoría que dirige la actividad del
Partido, una actividad que, no podemos ocultarlo, está preñada de desencanto,
de actitudes críticas ante la ausencia repetida de ocasiones perdidas, de
posicionamientos encontrados ante diferentes formas de entender las políticas.
Pero representa la culminación exitosa de un proceso que comenzó justo al día
siguiente de las elecciones de hace cuatro años y que tenía, entre otros
objetivos, el de trabajar por otras formas de entender la participación, donde
el diálogo y el consenso debían sustituir a las cuotas y a los posicionamientos
personales. Y debía trabajar, también, por reforzar al máximo el potencial de
acción política del grupo municipal, con nuestro portavoz y ahora candidato
Juanma Calles a la cabeza, dándole al mismo tiempo la posibilidad de abrir
nuevas expectativas.
Una candidatura que combina la experiencia de un grupo municipal que ha
realizado una dura y difícil labor de oposición, con incorporaciones de gran
valía (no me incluyo en éstas, sin falsa modestia). Una candidatura que tiene
la gran oportunidad de acabar con una etapa demasiado larga de gobierno de la
derecha en nuestra ciudad.
No va a ser tarea fácil, lo hemos constatado desde ese mismo día de su
aprobación. Todo va a depender de la capacidad que tengamos de transmitir a la
ciudadanía una imagen potente de ilusión, capacidad de trabajo, cohesión,
honradez y determinación, para llevar adelante un proyecto de ciudad que hemos
pergeñado en estos años y al que vamos sumando nuevas propuestas, al hilo de
las necesidades que día a día van surgiendo. Un proyecto que ha de superar, de
entrada, la gravísima situación a que nos ha conducido los gobiernos de la
derecha: caos urbanístico, déficit, precariedad de servicios, clientelismo.
No va a ser un camino de rosas ni esperamos ayudas altruistas, menos aún de
medios de comunicación que están, como se demuestra día a día, al servicio de
los intereses del gobierno local y provincial (que son los que pagan) o al
servicio de oscuros intereses particulares. Basta leer las referencias
informativas posteriores a la citada asamblea, con titulares sesgados fruto de
interpretaciones interesadas. Intereses que están muy alejados de nuestro
proyecto, que no responden sino a cuestiones de carácter personal y que son
aprovechados –como ha sucedido siempre– para sacar rentabilidad mediática de la
herida hurgada.
Pero tenemos muchos elementos de apoyo: en primer lugar, un importante segmento
de nuestra sociedad castellonense, que ve en la opción socialista la única vía
de superar la situación que nos ha llevado tantos años de gobiernos de derecha.
También juega a nuestro favor –y no nos alegramos por ello– los gravísimos
problemas que atraviesa la gestión municipal, sin proyectos, sin dinero y sin
liderazgo: cuando las cosas no van bien, parece que han de ser los socialistas
quienes han de arrimar el hombro. Un tercer puntal es, sin duda, la sintonía demostrada
por los distintos niveles de dirección del Partido durante todo este tiempo,
así como la capacidad de toda la militancia de aunar esfuerzos.
Es hora, pues, de decirle a la sociedad de Castellón que el Partido Socialista
tiene un proyecto de largo alcance y con capacidad de mejorar la difícil
situación actual, y un equipo de personas que van a dar lo mejor de sí mismas
por ello.
miércoles, 26 de enero de 2011
sábado, 25 de diciembre de 2010
LOS BENEFICIOS DEL FOLLÓN
Si me
permiten un símil futbolero, cuando el equipo local es más torpón, pero va
ganando por la mínima, bien por un golpe de suerte o por un favor arbitral, la
estrategia más eficaz es la de sustituir el juego por la bulla, dejar que el
tiempo pase rompiendo el partido y evitar que el contrario, más hábil con el
balón, pueda manejarlo. Es una práctica que estamos cansados de ver, en todos
los campos y en todas las categorías. La parroquia, mientras tanto, a jalear
cualquier encontronazo, a presionar al árbitro y a sus ayudantes y a insultar a
los jugadores del equipo visitante.
En el terreno del juego político de la Diputación Provincial está sucediendo algo similar a lo relatado anteriormente. El equipo del Partido Popular, con su capitán al frente, su presidente, ganó por la mínima en las anteriores elecciones, gracias entre otras circunstancias a unas ayudas no reglamentarias que los árbitros del proceso –las juntas electorales y los controladores de los censos– no supieron o no pudieron impedir. Es un equipo al que no le están saliendo las cosas, que gestiona muy mal la mínima ventaja que le da la responsabilidad de gobernar. Un equipo al que se le desajustan las cuentas, que se mueve por una inercia de lustros, que no avanza en los proyectos y que tiene serios problemas de dirección de juego, con un vestuario al que le crecen los enanos.
Por contra, el grupo socialista de la oposición tiene mejores individualidades y un liderazgo que no se sustenta, como en el otro equipo, en la coacción o la sumisión personal, sino en los proyectos, la ética y las ideas políticas. Y, por supuesto, con mucha más habilidad para argumentar y debatir las diferentes propuestas.
Juega, además, como visitante, pues es el equipo local del PP quien juega en casa, en ‘su’ casa, con su público, sus asesores y sus medios de comunicación.
No es de extrañar, pues, que la estrategia del PP en este partido sea, a falta de gestión – ni siquiera mala gestión – la de enmarranar el juego político, controlar los tiempos y las palabras, descalificar a los contrarios y arremeter contra los jueces, cuando sus decisiones no les benefician. Así lo hemos visto pleno tras pleno: ante cualquier intento de debate de propuestas, una balbuceante y torpe réplica y la aplicación del rodillo; si de introducir racionalidad y limpieza democrática se trata, la anulación personal y el insulto como única arma.
¿Cómo responden ante este remedo de juego político los espectadores? Las aficiones respectivas reaccionan con apasionamiento ante los diferentes lances del triste partido; pero la mayoría, tanto los que otorgan a la dialéctica política una alta consideración como los que le dan la espalda –que son auténtica mayoría-, no les llega más que un empobrecido espectáculo de rifirrafes. Y como el mayor objetivo del PP es contentar a su afición y enajenar al resto, el partido lo tiene de cara… de momento.
No estaba bastante trabado el juego político que ha saltado al campo un espontáneo, ‘el follonero’ y su desternillante programa. Bien es cierto que la sátira siempre ha ido de la mano de la política, y sólo los estrechos de miras, los caducos y los bajitos intelectuales consideran un oprobio mezclar ambos ingredientes. No sólo en la política, que es una faceta más de la vida, sino en cualquier otra manifestación del desarrollo personal la risa es – ya lo decía Aristóteles en su Poética- un ejercicio valioso que nos permite deformar el hosco rostro de la verdad para no convertirnos en esclavos de nuestros propios fantasmas. Y la verdad de la política que se viene haciendo desde el Palacio de Las Aulas es bastante desabrida, y algunos de sus protagonistas, dignos de una novela por entregas.
Pero no nos engañemos. Este inteligente espontáneo monta su esperpento con el lícito fin de entretener a su audiencia televisiva, que no es poca cosa. Sin embargo, desde la perspectiva de la estrategia política de la confrontación local, no es sino un estorbo más en el desarrollo del juego sucio al que se ha aplicado insistentemente el equipo local del Partido Popular. Son los que resultan realmente beneficiados.
Publicado en el diario 'Levante de Castellón' el 07-01-11
En el terreno del juego político de la Diputación Provincial está sucediendo algo similar a lo relatado anteriormente. El equipo del Partido Popular, con su capitán al frente, su presidente, ganó por la mínima en las anteriores elecciones, gracias entre otras circunstancias a unas ayudas no reglamentarias que los árbitros del proceso –las juntas electorales y los controladores de los censos– no supieron o no pudieron impedir. Es un equipo al que no le están saliendo las cosas, que gestiona muy mal la mínima ventaja que le da la responsabilidad de gobernar. Un equipo al que se le desajustan las cuentas, que se mueve por una inercia de lustros, que no avanza en los proyectos y que tiene serios problemas de dirección de juego, con un vestuario al que le crecen los enanos.
Por contra, el grupo socialista de la oposición tiene mejores individualidades y un liderazgo que no se sustenta, como en el otro equipo, en la coacción o la sumisión personal, sino en los proyectos, la ética y las ideas políticas. Y, por supuesto, con mucha más habilidad para argumentar y debatir las diferentes propuestas.
Juega, además, como visitante, pues es el equipo local del PP quien juega en casa, en ‘su’ casa, con su público, sus asesores y sus medios de comunicación.
No es de extrañar, pues, que la estrategia del PP en este partido sea, a falta de gestión – ni siquiera mala gestión – la de enmarranar el juego político, controlar los tiempos y las palabras, descalificar a los contrarios y arremeter contra los jueces, cuando sus decisiones no les benefician. Así lo hemos visto pleno tras pleno: ante cualquier intento de debate de propuestas, una balbuceante y torpe réplica y la aplicación del rodillo; si de introducir racionalidad y limpieza democrática se trata, la anulación personal y el insulto como única arma.
¿Cómo responden ante este remedo de juego político los espectadores? Las aficiones respectivas reaccionan con apasionamiento ante los diferentes lances del triste partido; pero la mayoría, tanto los que otorgan a la dialéctica política una alta consideración como los que le dan la espalda –que son auténtica mayoría-, no les llega más que un empobrecido espectáculo de rifirrafes. Y como el mayor objetivo del PP es contentar a su afición y enajenar al resto, el partido lo tiene de cara… de momento.
No estaba bastante trabado el juego político que ha saltado al campo un espontáneo, ‘el follonero’ y su desternillante programa. Bien es cierto que la sátira siempre ha ido de la mano de la política, y sólo los estrechos de miras, los caducos y los bajitos intelectuales consideran un oprobio mezclar ambos ingredientes. No sólo en la política, que es una faceta más de la vida, sino en cualquier otra manifestación del desarrollo personal la risa es – ya lo decía Aristóteles en su Poética- un ejercicio valioso que nos permite deformar el hosco rostro de la verdad para no convertirnos en esclavos de nuestros propios fantasmas. Y la verdad de la política que se viene haciendo desde el Palacio de Las Aulas es bastante desabrida, y algunos de sus protagonistas, dignos de una novela por entregas.
Pero no nos engañemos. Este inteligente espontáneo monta su esperpento con el lícito fin de entretener a su audiencia televisiva, que no es poca cosa. Sin embargo, desde la perspectiva de la estrategia política de la confrontación local, no es sino un estorbo más en el desarrollo del juego sucio al que se ha aplicado insistentemente el equipo local del Partido Popular. Son los que resultan realmente beneficiados.
Publicado en el diario 'Levante de Castellón' el 07-01-11
viernes, 17 de diciembre de 2010
SIN PARANGÓN
El
nivel de transparencia de la política valenciana “no tiene parangón en toda
España”. Estas son, textuales, las palabras del conseller Blasco transcritas
por el diario oficial del Partido Popular en la provincia (Ver el periódico
Mediterráneo del 14 de diciembre). Así de rotundo, así de cínico, así de falso.
Esta insolente afirmación venía a alabar la recientemente anunciada obligación
de los munícipes de la Comunidad Valenciana y miembros de Consell de hacer
públicas sus declaraciones de bienes.
A pesar de haber sido anunciada por singular protagonista, a pesar de que sabemos que es un turbio espejismo de claro tinte electoral, bienvenida sea la iniciativa, a la que reiteradamente se han negado los gobernantes de la derecha. Se nos viene, de pronto, la imagen de los concejales del Grupo Socialista del Ayuntamiento de Castellón enseñando sus declaraciones tributarias y de bienes cuando presentaron la propuesta al pleno, la cual fue rechazada por la mayoría exigua que ostenta el PP. A ese pleno acudieron todos, incluido el presidente de la Diputación, para oponerse a esta ineludible obligación con la ciudadanía.
La nueva Ley Valenciana de Régimen Local, aprobada el verano pasado, dedica un artículo, el 137, de los 201 que la componen, a esta cuestión, estableciendo la obligación de declarar las actividades y bienes de los representantes locales, antes de la toma de posesión, en caso de cese y al término del mandato. Declaraciones de carácter anual que serán públicas pero que tendrán las restricciones necesarias para salvaguardar la privacidad y la seguridad de los titulares. Una ley cuyo objetivo esencial era la mejora de la financiación de las administraciones locales, pero que no contemplaba ningún compromiso de dotación económica del Fondo de Cooperación.
La gestión pública no debe ser transparente por imposición legal. La transparencia, lo mismo que la eficacia, la participación efectiva y la proximidad han de ser, como reclama la oposición socialista, el resultado de un compromiso ético con la ciudadanía. Han de ser, como se declara en su programa electoral, ejes estratégicos en los que se debe basar una gestión al servicio de los ciudadanos.
De todas formas, bienvenido sea ese artículo 137, y que sea aplicado con rigor, que falta hace. Ojalá, aunque de la forma tan tímida que se establece ahora, se hubiera implantado hace tres lustros. No habríamos caído en el oscuro pozo de la opacidad en el que se encuentra la Comunidad Valenciana y sus principales Ayuntamientos, antesala de la corrupción y la desafección política.
El último informe de Transparency International, organismo independiente que evalúa objetivamente los niveles de transparencia de todos los países, comunidades territoriales y ayuntamientos, tomando como índices elementos clave de la gestión y con una metodología contrastada, sitúa a la Comunidad Valenciana en este año 2010 en el penúltimo lugar de las comunidades autónomas de España, con un valor global muy por debajo de la media nacional. Y si se valoran cada uno de los aspectos estudiados, solamente en dos de ellos nos encontramos cercanos a la media, en las áreas de información sobre la Comunidad y en las relaciones con los ciudadanos y la sociedad. No en balde se han gastado tantos recursos en campañas publicitarias y en subvenciones a colectivos. Pero en las áreas más próximas a intereses monetarios, como la transparencia económico-financiera y en las contrataciones de servicios y suministros nos manda al penúltimo lugar, y en el urbanismo, directamente nos coloca en la cola de la lista.
Cuando se observan estos mismos índices sobre los Ayuntamientos de las tres capitales de provincia, es el de Castellón, precisamente, el que obtiene resultados menos malos, situándose sobre la media de los grandes municipios. En todos los parámetros excepto en el de la transparencia en las contrataciones, precisamente. No es de extrañar, pues, la insistencia del grupo socialista en revisar las cuentas y contratas, a la vista de las posibles implicaciones en trama de corrupción del caso Gürtel. Sin embargo, el Ayuntamiento del cap i casal, presidido por la señor Barberá es, con mucho, el que obtiene índices tan bajos que deberían suponer su dimisión automática. (Véanse datos concretos en www.transparencia.org.es).
En esta comunidad, es cierto, los niveles de transparencia en la gestión pública no tienen parangón, por lo desastrosos, y van a ayudar a mejorarlos la declaración de bienes y actividades de realizarán en breve, por imperativo legal, algunos de los que más intereses han ocultado hasta ahora. No me lo creo.
Publicado en 'Levante de Castellón' (17-12-10)
A pesar de haber sido anunciada por singular protagonista, a pesar de que sabemos que es un turbio espejismo de claro tinte electoral, bienvenida sea la iniciativa, a la que reiteradamente se han negado los gobernantes de la derecha. Se nos viene, de pronto, la imagen de los concejales del Grupo Socialista del Ayuntamiento de Castellón enseñando sus declaraciones tributarias y de bienes cuando presentaron la propuesta al pleno, la cual fue rechazada por la mayoría exigua que ostenta el PP. A ese pleno acudieron todos, incluido el presidente de la Diputación, para oponerse a esta ineludible obligación con la ciudadanía.
La nueva Ley Valenciana de Régimen Local, aprobada el verano pasado, dedica un artículo, el 137, de los 201 que la componen, a esta cuestión, estableciendo la obligación de declarar las actividades y bienes de los representantes locales, antes de la toma de posesión, en caso de cese y al término del mandato. Declaraciones de carácter anual que serán públicas pero que tendrán las restricciones necesarias para salvaguardar la privacidad y la seguridad de los titulares. Una ley cuyo objetivo esencial era la mejora de la financiación de las administraciones locales, pero que no contemplaba ningún compromiso de dotación económica del Fondo de Cooperación.
La gestión pública no debe ser transparente por imposición legal. La transparencia, lo mismo que la eficacia, la participación efectiva y la proximidad han de ser, como reclama la oposición socialista, el resultado de un compromiso ético con la ciudadanía. Han de ser, como se declara en su programa electoral, ejes estratégicos en los que se debe basar una gestión al servicio de los ciudadanos.
De todas formas, bienvenido sea ese artículo 137, y que sea aplicado con rigor, que falta hace. Ojalá, aunque de la forma tan tímida que se establece ahora, se hubiera implantado hace tres lustros. No habríamos caído en el oscuro pozo de la opacidad en el que se encuentra la Comunidad Valenciana y sus principales Ayuntamientos, antesala de la corrupción y la desafección política.
El último informe de Transparency International, organismo independiente que evalúa objetivamente los niveles de transparencia de todos los países, comunidades territoriales y ayuntamientos, tomando como índices elementos clave de la gestión y con una metodología contrastada, sitúa a la Comunidad Valenciana en este año 2010 en el penúltimo lugar de las comunidades autónomas de España, con un valor global muy por debajo de la media nacional. Y si se valoran cada uno de los aspectos estudiados, solamente en dos de ellos nos encontramos cercanos a la media, en las áreas de información sobre la Comunidad y en las relaciones con los ciudadanos y la sociedad. No en balde se han gastado tantos recursos en campañas publicitarias y en subvenciones a colectivos. Pero en las áreas más próximas a intereses monetarios, como la transparencia económico-financiera y en las contrataciones de servicios y suministros nos manda al penúltimo lugar, y en el urbanismo, directamente nos coloca en la cola de la lista.
Cuando se observan estos mismos índices sobre los Ayuntamientos de las tres capitales de provincia, es el de Castellón, precisamente, el que obtiene resultados menos malos, situándose sobre la media de los grandes municipios. En todos los parámetros excepto en el de la transparencia en las contrataciones, precisamente. No es de extrañar, pues, la insistencia del grupo socialista en revisar las cuentas y contratas, a la vista de las posibles implicaciones en trama de corrupción del caso Gürtel. Sin embargo, el Ayuntamiento del cap i casal, presidido por la señor Barberá es, con mucho, el que obtiene índices tan bajos que deberían suponer su dimisión automática. (Véanse datos concretos en www.transparencia.org.es).
En esta comunidad, es cierto, los niveles de transparencia en la gestión pública no tienen parangón, por lo desastrosos, y van a ayudar a mejorarlos la declaración de bienes y actividades de realizarán en breve, por imperativo legal, algunos de los que más intereses han ocultado hasta ahora. No me lo creo.
Publicado en 'Levante de Castellón' (17-12-10)
domingo, 12 de diciembre de 2010
MODERNIZARSE O SUCUMBIR
Solo
era su apellido, y sólo deambulaba por allí, sin motivo aparente, errático y
solo en mitad de la noche. Y ésta fue su sola y tímida respuesta a las muchas
preguntas del policía: “Me llamo Iniesta Solo”...
¿De qué va esto? De sumarse al aluvión de críticas que ha provocado la última andanada de la Real Academia de la Lengua, con el cambio de algunas reglas ortográficas, la actualización de ciertos vocablos y la redefinición de unas cuantas letras del alfabeto. Todo ello, aseguran, con la sana intención de mejorar la comunicación en español y adaptarse a los nuevos tiempos.
La lengua es algo vivo y, como tal, debe crecer al son de las nuevas necesidades de sus usuarios. No debemos ser reacios a este esfuerzo modernizador, más aún cuando las sociedades están inmersas en una vorágine de cambios constantes, cuando las nuevas (no tan nuevas ya) tecnologías están imponiendo revolucionarios modelos de interrelación social. “Para sobrevivir – dice García de la Concha con sus 75 años – una lengua debe ser usada por un gran número de personas, tener un idioma unitario, y estar actualizada con la tecnología”. Aunque nos pongamos en plan puristas y nos alarmen los cambios, no debemos analizar con ligereza y frivolidad las decisiones de tan sesudos y prestigiosos académicos. Todos los cambios han tenido sus detractores y la evolución, a la postre, ha sido imparable.
Iraq será ahora Irak; Qatar, será Catar; la i latina será sólo i; la i griega, ye, y se impone la be y la uve a las bes alta y baja. Son cambios comprensibles, porque nadie hablaba de la doble be baja para referirse a la uve doble, por ejemplo.
Pero junto a estas lógicas actualizaciones han refrendado otras, referidas a clásicas normas gramaticales de acentuación, con la intención de simplificar la escritura, que han generado la polémica. A partir de ya, se elimina la tilde de los adverbios, única diferenciación gráfica de los respectivos adjetivos y, en algunos casos, con una sustancial diferencia semántica. Éste, ése y aquél, y sus diferentes formas; el significado del vocablo ‘sólo’ se distinguirá, si acaso, por el contexto. O no. Elimina la tilde de guión, truhán, huí y fié, considerándolos monosílabos, así como la tilde de ó entre números. A partir de ahora no sabremos si hablamos de 607 o de 6 ó 7.
¿A qué puede obedecer semejante cambio y cuáles son sus consecuencias? ¿Van realmente a mejorar nuestra comunicación escrita? Y lo que es más preocupante, ¿van a favorecer el aprendizaje correcto de nuestros escolares?
Últimamente son ya muchos los medios de comunicación escritos y las traducciones de publicaciones extranjeras que han renunciado a la acentuación gráfica de ‘sólo’, palabra de la que se abusa incansablemente. ¿Será porque los correctores de Word de Microsoft no pueden detectar el error? Si eso fuera, la Academia se habría quedado con poco brillo y con menos esplendor. ¿Será porque la actualización es, simplemente, una mera subordinación a los intereses de las compañías informáticas y de telefonía móvil para facilitar el marcaje de mensajes? ¿O es que la RAE ha sucumbido, como tantas otras instituciones sociales y políticas a la implacable globalización?
No se trata solamente, como algunos han manifestado, de rechazar estos cambios y mantener la actual norma gramatical por razones estéticas. Se trata, sobre todo, de rebelarse contra ese pseudolenguaje que prolifera entre los jóvenes y que tanto daño está haciendo a su educación, refrendado ahora por sus eminencias académicas. Y se trata, cómo no, de salir en defensa de la labor de tantos docentes que se parten el espinazo intentando enseñar a escribir correctamente, sin faltas de ortografía y de sintaxis, con claridad de ideas y con un rico vocabulario. Ahora nuestros escolares leen y escriben, sobre todo, en soporte informático. ¿Es el medio el que ha de determinar el modo o, por el contrario, tenemos que insistir en su utilización correcta?
Parece que en esta lucha por la modernización, la RAE se ha inclinado por lo fácil. ¿Por qué no ha metido la tijera en expresiones que nos llevan a la Edad Media eliminando, por ejemplo, términos racistas, como “judiada”, o expresiones sexistas que nos sumergen en lo más profundo de nuestro acerbo cultural? ¿Hasta cuándo hemos de convivir con expresiones como “eres un zorro” (por astuto) y “menuda zorra” (por prostituta)? Por no hablar del masculino genérico, que ha dejado postrada a la mitad de la población.
No sabemos cuál habrá sido la postura sobre estas cuestiones del insigne académico que calienta el sillón T, el multifacético, postmoderno y buen escritor Pérez Reverte; él, que tan iracundo se ha mostrado con los políticos responsables de la educación de los últimos treinta años, incluidos Maravall y Solana, de los que dice “deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural”. Él, que pone a todos en el mismo saco, sin distinguir churras de merinas ni saber de la misa la media en materia educativa, llamándoles analfabetos y demagogos entre otras lindezas. ¿Hemos de esperar que, consecuentemente, se desmarque públicamente de esta sinrazón o, por el contrario, habrá que pensar que, por moderno y solidario, haya sido uno de sus más fervientes impulsores?
¿De qué va esto? De sumarse al aluvión de críticas que ha provocado la última andanada de la Real Academia de la Lengua, con el cambio de algunas reglas ortográficas, la actualización de ciertos vocablos y la redefinición de unas cuantas letras del alfabeto. Todo ello, aseguran, con la sana intención de mejorar la comunicación en español y adaptarse a los nuevos tiempos.
La lengua es algo vivo y, como tal, debe crecer al son de las nuevas necesidades de sus usuarios. No debemos ser reacios a este esfuerzo modernizador, más aún cuando las sociedades están inmersas en una vorágine de cambios constantes, cuando las nuevas (no tan nuevas ya) tecnologías están imponiendo revolucionarios modelos de interrelación social. “Para sobrevivir – dice García de la Concha con sus 75 años – una lengua debe ser usada por un gran número de personas, tener un idioma unitario, y estar actualizada con la tecnología”. Aunque nos pongamos en plan puristas y nos alarmen los cambios, no debemos analizar con ligereza y frivolidad las decisiones de tan sesudos y prestigiosos académicos. Todos los cambios han tenido sus detractores y la evolución, a la postre, ha sido imparable.
Iraq será ahora Irak; Qatar, será Catar; la i latina será sólo i; la i griega, ye, y se impone la be y la uve a las bes alta y baja. Son cambios comprensibles, porque nadie hablaba de la doble be baja para referirse a la uve doble, por ejemplo.
Pero junto a estas lógicas actualizaciones han refrendado otras, referidas a clásicas normas gramaticales de acentuación, con la intención de simplificar la escritura, que han generado la polémica. A partir de ya, se elimina la tilde de los adverbios, única diferenciación gráfica de los respectivos adjetivos y, en algunos casos, con una sustancial diferencia semántica. Éste, ése y aquél, y sus diferentes formas; el significado del vocablo ‘sólo’ se distinguirá, si acaso, por el contexto. O no. Elimina la tilde de guión, truhán, huí y fié, considerándolos monosílabos, así como la tilde de ó entre números. A partir de ahora no sabremos si hablamos de 607 o de 6 ó 7.
¿A qué puede obedecer semejante cambio y cuáles son sus consecuencias? ¿Van realmente a mejorar nuestra comunicación escrita? Y lo que es más preocupante, ¿van a favorecer el aprendizaje correcto de nuestros escolares?
Últimamente son ya muchos los medios de comunicación escritos y las traducciones de publicaciones extranjeras que han renunciado a la acentuación gráfica de ‘sólo’, palabra de la que se abusa incansablemente. ¿Será porque los correctores de Word de Microsoft no pueden detectar el error? Si eso fuera, la Academia se habría quedado con poco brillo y con menos esplendor. ¿Será porque la actualización es, simplemente, una mera subordinación a los intereses de las compañías informáticas y de telefonía móvil para facilitar el marcaje de mensajes? ¿O es que la RAE ha sucumbido, como tantas otras instituciones sociales y políticas a la implacable globalización?
No se trata solamente, como algunos han manifestado, de rechazar estos cambios y mantener la actual norma gramatical por razones estéticas. Se trata, sobre todo, de rebelarse contra ese pseudolenguaje que prolifera entre los jóvenes y que tanto daño está haciendo a su educación, refrendado ahora por sus eminencias académicas. Y se trata, cómo no, de salir en defensa de la labor de tantos docentes que se parten el espinazo intentando enseñar a escribir correctamente, sin faltas de ortografía y de sintaxis, con claridad de ideas y con un rico vocabulario. Ahora nuestros escolares leen y escriben, sobre todo, en soporte informático. ¿Es el medio el que ha de determinar el modo o, por el contrario, tenemos que insistir en su utilización correcta?
Parece que en esta lucha por la modernización, la RAE se ha inclinado por lo fácil. ¿Por qué no ha metido la tijera en expresiones que nos llevan a la Edad Media eliminando, por ejemplo, términos racistas, como “judiada”, o expresiones sexistas que nos sumergen en lo más profundo de nuestro acerbo cultural? ¿Hasta cuándo hemos de convivir con expresiones como “eres un zorro” (por astuto) y “menuda zorra” (por prostituta)? Por no hablar del masculino genérico, que ha dejado postrada a la mitad de la población.
No sabemos cuál habrá sido la postura sobre estas cuestiones del insigne académico que calienta el sillón T, el multifacético, postmoderno y buen escritor Pérez Reverte; él, que tan iracundo se ha mostrado con los políticos responsables de la educación de los últimos treinta años, incluidos Maravall y Solana, de los que dice “deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural”. Él, que pone a todos en el mismo saco, sin distinguir churras de merinas ni saber de la misa la media en materia educativa, llamándoles analfabetos y demagogos entre otras lindezas. ¿Hemos de esperar que, consecuentemente, se desmarque públicamente de esta sinrazón o, por el contrario, habrá que pensar que, por moderno y solidario, haya sido uno de sus más fervientes impulsores?
sábado, 11 de diciembre de 2010
SIN IDEAS
El
único objetivo de Sir Humphrey Appleby, el Secretario Permanente en la famosa
serie “Sí, Ministro”, era evitar que los ministros que iban sucediéndose se
entrometieran demasiado en la labor de gobernar, oponiéndose a cualquier
iniciativa política. Para ello aplicaba, según iba pasando la legislatura, una
serie de tácticas dilatorias que son todo un compendio de qué hacer para no
hacer nada: dudar de la vía adecuada para poner en marcha los proyectos, crear
comisiones de consulta, exigir farragosos informes técnicos, sugerir concursos
de ideas, no emprender algo que menoscabe la autonomía del gobierno siguiente…
Una estrategia denominada ‘Inercia Creativa’ que pone contra las cuerdas al ingenuo
James Hacker, venido al cargo de Ministro con un paquete de buenas intenciones.
En el Ayuntamiento de nuestra ciudad está pasando algo parecido, pero al revés: aquí son los responsables políticos quienes se han puesto en la piel del burócrata funcionario y emplean sus mismas tácticas para pasar el calvario de esta legislatura, para hacer como que se hace haciendo lo menos posible, bien porque se han quedado sin recursos, bien porque no quieren comprometerse con decisiones que puedan ser contestadas, bien porque no saben qué hacer, porque no tienen criterios definidos.
Tenemos ejemplos para todos los gustos, y aquí van algunos de ellos:
Parque de San José: iniciativa política de primer orden en los sucesivos programas de gobierno. Ha pasado otra legislatura y todo sigue igual. Lo único que se tiene es el nombre, Parque de los Niños, y la forma utilizada para capear la situación es el manoseado concurso de ideas para que los niños del barrio digan la suya… a seis meses de las elecciones.
La fábrica Dávalos se convertirá en centro de ocio para jóvenes, decía su propuesta electoral. El socorrido concurso de ideas entre los jóvenes fue igualmente la estrategia utilizada por la señora concejala para no emprender acción alguna. Eso sí: la iniciativa del concurso se presentó con la correspondiente publicidad y folleto explicativo, pero sin apuntar ni la más mínima idea ni explicitar ningún criterio. No se ha sabido nada de las sugerencias aportadas y mucho nos tememos que, con las nuevas propuestas del sector comercial, todo quede en el olvido.
Y de La Pérgola, ¿se dice algo? Ante la proposición de una de las asociaciones de comerciantes la respuesta es simple: ni sí, ni no. Se anuncia otro concurso de ideas para pasar página. No es momento para posicionarse, menos aún para comprometerse.
Esta es la forma de afrontar los problemas el PP de Castellón. De las cuestiones sobre las que debe pronunciarse, ni pío; de las que dependen del gobierno central, machaque permanente, aunque se esté avanzando en esta legislatura, a pesar de los pesares, más que en otras pasadas bajo la égida de Aznar. No en balde sus dirigentes ya han anunciado cuál será el núcleo de su programa, basado en un discurso emocional, huérfano de toda racionalidad, populista y demagógico: la eterna y falsaria reivindicación del ‘agua para todos’, el AVE, la autovía de Aragón a la costa, la liberalización de la autopista o los accesos al puerto por el sur. Más de lo mismo, y de iniciativa propia, el limbo.
Los socialistas tenemos un proyecto para la ciudad, y nos hemos pronunciado en repetidas ocasiones sobre los temas que preocupan a la ciudadanía. No se trata de poseer un discurso cerrado, sino de ofrecer alternativas serias para que sean valoradas. Gobernar es tomar decisiones, ‘mojarse’ y tratar de convencer a los demás con argumentos. Así se construye la auténtica participación, sin imposiciones, pero con liderazgo.
No hay que ir muy lejos para conocer nuestra posición sobre estos tres ejemplos citados: sólo hay que consultar el programa elaborado para la legislatura actual, que está al alcance de todos. Mil propuestas y un modelo de ciudad que se está actualizando para adecuarse a los nuevos retos. Y si, como en el caso de la fábrica Dávalos, surge un planteamiento más ambicioso y más acorde con las necesidades actuales de la ciudad, hay que estar en disposición, sin ambages, de reconsiderar las propuestas iniciales y buscar el acuerdo.
Pero el que está desnudo de ideas es incapaz de construir consensos.
En el Ayuntamiento de nuestra ciudad está pasando algo parecido, pero al revés: aquí son los responsables políticos quienes se han puesto en la piel del burócrata funcionario y emplean sus mismas tácticas para pasar el calvario de esta legislatura, para hacer como que se hace haciendo lo menos posible, bien porque se han quedado sin recursos, bien porque no quieren comprometerse con decisiones que puedan ser contestadas, bien porque no saben qué hacer, porque no tienen criterios definidos.
Tenemos ejemplos para todos los gustos, y aquí van algunos de ellos:
Parque de San José: iniciativa política de primer orden en los sucesivos programas de gobierno. Ha pasado otra legislatura y todo sigue igual. Lo único que se tiene es el nombre, Parque de los Niños, y la forma utilizada para capear la situación es el manoseado concurso de ideas para que los niños del barrio digan la suya… a seis meses de las elecciones.
La fábrica Dávalos se convertirá en centro de ocio para jóvenes, decía su propuesta electoral. El socorrido concurso de ideas entre los jóvenes fue igualmente la estrategia utilizada por la señora concejala para no emprender acción alguna. Eso sí: la iniciativa del concurso se presentó con la correspondiente publicidad y folleto explicativo, pero sin apuntar ni la más mínima idea ni explicitar ningún criterio. No se ha sabido nada de las sugerencias aportadas y mucho nos tememos que, con las nuevas propuestas del sector comercial, todo quede en el olvido.
Y de La Pérgola, ¿se dice algo? Ante la proposición de una de las asociaciones de comerciantes la respuesta es simple: ni sí, ni no. Se anuncia otro concurso de ideas para pasar página. No es momento para posicionarse, menos aún para comprometerse.
Esta es la forma de afrontar los problemas el PP de Castellón. De las cuestiones sobre las que debe pronunciarse, ni pío; de las que dependen del gobierno central, machaque permanente, aunque se esté avanzando en esta legislatura, a pesar de los pesares, más que en otras pasadas bajo la égida de Aznar. No en balde sus dirigentes ya han anunciado cuál será el núcleo de su programa, basado en un discurso emocional, huérfano de toda racionalidad, populista y demagógico: la eterna y falsaria reivindicación del ‘agua para todos’, el AVE, la autovía de Aragón a la costa, la liberalización de la autopista o los accesos al puerto por el sur. Más de lo mismo, y de iniciativa propia, el limbo.
Los socialistas tenemos un proyecto para la ciudad, y nos hemos pronunciado en repetidas ocasiones sobre los temas que preocupan a la ciudadanía. No se trata de poseer un discurso cerrado, sino de ofrecer alternativas serias para que sean valoradas. Gobernar es tomar decisiones, ‘mojarse’ y tratar de convencer a los demás con argumentos. Así se construye la auténtica participación, sin imposiciones, pero con liderazgo.
No hay que ir muy lejos para conocer nuestra posición sobre estos tres ejemplos citados: sólo hay que consultar el programa elaborado para la legislatura actual, que está al alcance de todos. Mil propuestas y un modelo de ciudad que se está actualizando para adecuarse a los nuevos retos. Y si, como en el caso de la fábrica Dávalos, surge un planteamiento más ambicioso y más acorde con las necesidades actuales de la ciudad, hay que estar en disposición, sin ambages, de reconsiderar las propuestas iniciales y buscar el acuerdo.
Pero el que está desnudo de ideas es incapaz de construir consensos.
domingo, 14 de noviembre de 2010
EL JUEGO DE LA DERECHA
Al
otro lado del hilo telefónico, la voz femenina de una encuestadora me pregunta:
“Si la extrema izquierda es un 1 y la extrema derecha es un 10, ¿dónde situaría
al Partido Popular?”. Mi respuesta, tras unos breves momentos de vacilación,
es: “Le pondría un notable alto, rallando el sobresaliente.”
Se trata de la pregunta imprescindible en cualquier encuesta de opinión política, que plantea algo tan complejo como trasladar a una puntuación decimal la apreciación personal de la ideología y la acción política de un partido, sin especificar más, en un intento de simplificación máxima. Sin embargo, es el modelo que funciona, esta vieja fórmula de representación lineal de la izquierda y la derecha, como si de la recta numérica se tratara, sin poder evitar, por otra parte, la correlación con el suspenso y el aprobado.
Izquierda y derecha. Ha llovido mucho desde que la Asamblea Nacional surgida de la Revolución Francesa acuñó los términos ‘izquierda’ y ‘derecha’ para designar a quienes ocupaban los escaños del semicírculo: los de la derecha del Presidente, representantes de los tradicionalistas, monárquicos y defensores del ancien régime, se enfrentaban a los que se sentaban a la izquierda de la mesa presidencial, los progresistas, defensores de los nuevos valores en que se asentaba su revolución: la libertad, la igualdad y la fraternidad. Otra simplificación, sin duda, porque en aquella Asamblea, ni los unos ni los otros respondían exactamente a la diferenciación anterior, o lo hacían con muchos matices.
Pero esta vieja representación lineal y su significado político se han mantenido prácticamente invariables y han servido para identificar a los protagonistas de la confrontación política y a los planteamientos ideológicos con los que transcurrido la historia de los últimos doscientos años, posicionando, a lo largo de ese segmento, las diferentes opciones que han ido surgiendo.
Hoy la cuestión se nos presenta más difícil. Se habla incluso de la necesidad de establecer, a partir de dos ejes diferenciados, económico uno y social el otro, un sistema bidimensional de localización. No en vano nos sorprenden gobiernos y opciones políticas cuyos planteamientos en materia económica se distancian ideológicamente de sus propuestas sociales y gobiernos cuyas políticas económicas son muy parejas pero se enfrentan en sus políticas sociales. Y también está el corsé de la globalización, de la crisis globalizada, que obliga a determinados gobiernos a establecer propuestas económicas menos acordes con sus posiciones para mantener los principios sociales que postula.
En todo este complicado panorama de identificación política, también es sabido que siempre se le ha exigido mucha mayor coherencia a la izquierda que a la derecha. Bueno es: con la izquierda se es mucho más exigente, mientras que a la derecha se le permite jugar a todos los palos, siempre, eso sí, que los intereses de los poderosos no se vean mermados.
¿A qué juega la derecha en nuestro país ejerciendo de oposición? ¿Cómo la reconocemos en nuestra ciudad en su acción de gobierno?
Varias han sido las líneas estratégicas de oposición del Partido Popular: la máxima rentabilización electoral de la crisis económica, el desgaste del gobierno sin poner límites a su corresponsabilidad, la ocultación de sus verdaderas propuestas políticas, tanto económicas como sociales, y la engañosa defensa, si viene al caso, de los intereses de los colectivos sociales que ha despreciado cuando ha ejercido el poder. ¿Cómo se entiende, si no, su actual interés por los pensionistas, por los trabajadores desempleados, por el pueblo saharaui o por cualquier causa, venga de donde venga, que sirva para debilitar al gobierno? ¿Desde cuándo la derecha ha hecho suyas las causas de los débiles, de los desfavorecidos, de los oprimidos?
En el gobierno de nuestra ciudad también la derecha juega algunos papeles difíciles de reconocer. Los incrementos fiscales, por ejemplo, propios de la izquierda como herramienta de redistribución, son utilizados abusivamente por la derecha para compensar su pésima gestión. Sin embargo, aquí, a pesar de que ocupa en el salón de plenos la parte izquierda de la sala, sus políticas conservadoras y sus modos son muy palpables: privatización de servicios, apuesta por el desarrollismo especulador, populismo cultural, clientelismo, políticas sociales de subvención, proteccionismo de los intereses de los poderosos, desafección de lo público…
Ahora van a volver otra vez los cantos de sirena con nuevas propuestas electorales que tratarán de enmascarar sus verdaderas intenciones. Es, simplemente, una y otra vez, el juego de la derecha.
Se trata de la pregunta imprescindible en cualquier encuesta de opinión política, que plantea algo tan complejo como trasladar a una puntuación decimal la apreciación personal de la ideología y la acción política de un partido, sin especificar más, en un intento de simplificación máxima. Sin embargo, es el modelo que funciona, esta vieja fórmula de representación lineal de la izquierda y la derecha, como si de la recta numérica se tratara, sin poder evitar, por otra parte, la correlación con el suspenso y el aprobado.
Izquierda y derecha. Ha llovido mucho desde que la Asamblea Nacional surgida de la Revolución Francesa acuñó los términos ‘izquierda’ y ‘derecha’ para designar a quienes ocupaban los escaños del semicírculo: los de la derecha del Presidente, representantes de los tradicionalistas, monárquicos y defensores del ancien régime, se enfrentaban a los que se sentaban a la izquierda de la mesa presidencial, los progresistas, defensores de los nuevos valores en que se asentaba su revolución: la libertad, la igualdad y la fraternidad. Otra simplificación, sin duda, porque en aquella Asamblea, ni los unos ni los otros respondían exactamente a la diferenciación anterior, o lo hacían con muchos matices.
Pero esta vieja representación lineal y su significado político se han mantenido prácticamente invariables y han servido para identificar a los protagonistas de la confrontación política y a los planteamientos ideológicos con los que transcurrido la historia de los últimos doscientos años, posicionando, a lo largo de ese segmento, las diferentes opciones que han ido surgiendo.
Hoy la cuestión se nos presenta más difícil. Se habla incluso de la necesidad de establecer, a partir de dos ejes diferenciados, económico uno y social el otro, un sistema bidimensional de localización. No en vano nos sorprenden gobiernos y opciones políticas cuyos planteamientos en materia económica se distancian ideológicamente de sus propuestas sociales y gobiernos cuyas políticas económicas son muy parejas pero se enfrentan en sus políticas sociales. Y también está el corsé de la globalización, de la crisis globalizada, que obliga a determinados gobiernos a establecer propuestas económicas menos acordes con sus posiciones para mantener los principios sociales que postula.
En todo este complicado panorama de identificación política, también es sabido que siempre se le ha exigido mucha mayor coherencia a la izquierda que a la derecha. Bueno es: con la izquierda se es mucho más exigente, mientras que a la derecha se le permite jugar a todos los palos, siempre, eso sí, que los intereses de los poderosos no se vean mermados.
¿A qué juega la derecha en nuestro país ejerciendo de oposición? ¿Cómo la reconocemos en nuestra ciudad en su acción de gobierno?
Varias han sido las líneas estratégicas de oposición del Partido Popular: la máxima rentabilización electoral de la crisis económica, el desgaste del gobierno sin poner límites a su corresponsabilidad, la ocultación de sus verdaderas propuestas políticas, tanto económicas como sociales, y la engañosa defensa, si viene al caso, de los intereses de los colectivos sociales que ha despreciado cuando ha ejercido el poder. ¿Cómo se entiende, si no, su actual interés por los pensionistas, por los trabajadores desempleados, por el pueblo saharaui o por cualquier causa, venga de donde venga, que sirva para debilitar al gobierno? ¿Desde cuándo la derecha ha hecho suyas las causas de los débiles, de los desfavorecidos, de los oprimidos?
En el gobierno de nuestra ciudad también la derecha juega algunos papeles difíciles de reconocer. Los incrementos fiscales, por ejemplo, propios de la izquierda como herramienta de redistribución, son utilizados abusivamente por la derecha para compensar su pésima gestión. Sin embargo, aquí, a pesar de que ocupa en el salón de plenos la parte izquierda de la sala, sus políticas conservadoras y sus modos son muy palpables: privatización de servicios, apuesta por el desarrollismo especulador, populismo cultural, clientelismo, políticas sociales de subvención, proteccionismo de los intereses de los poderosos, desafección de lo público…
Ahora van a volver otra vez los cantos de sirena con nuevas propuestas electorales que tratarán de enmascarar sus verdaderas intenciones. Es, simplemente, una y otra vez, el juego de la derecha.
lunes, 25 de octubre de 2010
POR EL MAR CORREN LAS LIEBRES
Por el
monte, las sardinas. ¡Vamos a contar mentiras!
El último parte médico de la Generalitat sobre la utilización del trolebús desde el paseo Morella hasta la UJI nos arroja unas cifras de escándalo: 1,3 millones de viajeros desde que entró en servicio y un promedio mensual de usuarios de 2751…
Veamos, veamos: si nos dice que durante este mes los kilómetros que ha recorrido son 9510, en una distancia de apenas 1,5 (1480 metros para ser exactos), nos da justamente 6340 trayectos al mes, o sea, 211 diarios, o sea, 100 veces hacia arriba y otras 100 hacia abajo cada día, sábados y domingos incluidos. Pero, ¿cada cuánto pasa?, ¿cada 10 minutos durante 18 horas diarias de servicio? ¡Qué impúdicos son los números! ¡Cómo nos sacan las vergüenzas!
Pero aún hay más. Un total de 2751 pasajeros durante los 22 días lectivos del mes pasado, contabiliza la Generalitat. Si hacemos cuentas… 125 diarios. Si cada día se han realizado 211 trayectos, sale a 0,6 usuarios en cada viaje (sin contar el conductor, ¿o sí?), lo que supone que cada 5 viajes han utilizado dicho servicio 6 personas.
Si el mes de septiembre es un mes bueno, por los exámenes de la universidad, etc., ¿de dónde pueden salir esos 1,3 millones de usuarios? ¿Es que hay que justificar lo injustificable, para endulzar las obras de ese paseo recién abierto que discurre entre los árboles del parque Ribalta, muy bonito para pasear y para jugar a la petanca?
Hechas así las cuentas sólo cabe decir que aquí hay mucha mentira encerrada o este costosísimo trolebús lo utiliza el conductor (es guiado) y alguno más (a primera hora de las mañanas, los estudiantes que vienen de fuera en tren).
Tralará, lará.
El último parte médico de la Generalitat sobre la utilización del trolebús desde el paseo Morella hasta la UJI nos arroja unas cifras de escándalo: 1,3 millones de viajeros desde que entró en servicio y un promedio mensual de usuarios de 2751…
Veamos, veamos: si nos dice que durante este mes los kilómetros que ha recorrido son 9510, en una distancia de apenas 1,5 (1480 metros para ser exactos), nos da justamente 6340 trayectos al mes, o sea, 211 diarios, o sea, 100 veces hacia arriba y otras 100 hacia abajo cada día, sábados y domingos incluidos. Pero, ¿cada cuánto pasa?, ¿cada 10 minutos durante 18 horas diarias de servicio? ¡Qué impúdicos son los números! ¡Cómo nos sacan las vergüenzas!
Pero aún hay más. Un total de 2751 pasajeros durante los 22 días lectivos del mes pasado, contabiliza la Generalitat. Si hacemos cuentas… 125 diarios. Si cada día se han realizado 211 trayectos, sale a 0,6 usuarios en cada viaje (sin contar el conductor, ¿o sí?), lo que supone que cada 5 viajes han utilizado dicho servicio 6 personas.
Si el mes de septiembre es un mes bueno, por los exámenes de la universidad, etc., ¿de dónde pueden salir esos 1,3 millones de usuarios? ¿Es que hay que justificar lo injustificable, para endulzar las obras de ese paseo recién abierto que discurre entre los árboles del parque Ribalta, muy bonito para pasear y para jugar a la petanca?
Hechas así las cuentas sólo cabe decir que aquí hay mucha mentira encerrada o este costosísimo trolebús lo utiliza el conductor (es guiado) y alguno más (a primera hora de las mañanas, los estudiantes que vienen de fuera en tren).
Tralará, lará.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






