jueves, 20 de enero de 2022

Película de terror

 

Película de terror

Allí, lejos, quedaron los del oriente maldito

ojos rasgados, piel de ceniza, dioses caducos

cuando por fin pude apreciar mi sumiso acomodo

tras la conquista del oeste.

Nunca sospeché cuánto caudal agresivo adobado con piropos

se llega a acumular por un puñado de dólares, o de rublos,

en metálico, cibernéticos, en líquido petrolífero o en benéfico gas

en este mundo occidental occipital tan nuestro.

Una vida de película cuando se apagan las luces,

sentado plácidamente con las espaldas cubiertas,

creyéndome defendido por los siete magníficos,

los treinta, y los que vengan,

para dejar al forajido fuera de la ley.

Sí, ya lo sé, me lo ha dicho un refugiado desencadenado,

o que persigue la vida, cada uno con su destino,

solo ante el peligro o acompañado,

sabiendo que el bueno, el feo y el malo,

el mío, el nuestro, el de ellos,

tiene caras cambiantes, a veces disimuladas

con máscaras carnavaleras.

Pero amanece un día y alguien –hasta que llegó su hora, dicen–

reclama lo que el viento se llevó

y busca con desespero la pólvora y la gloria.

Escondidos al escuchar los tambores de guerra

ven cómo la muerte tenía un precio fijado.

Cuántos huyen perseguidos, con la muerte en los talones,

volviendo la vista atrás para contemplar

el discurso rancio del malvado.

Si no hubiera tanto horror alguien diría

que solo le faltan las palomitas envenenadas.


Sí, puedes asegurarlo, ha vuelto, un nuevo führer

desalmado, aunque vista de comediante.


Enciendan la luz, por favor; ¿no ven que ya se ha borrado el punto límite?

Maldita guerra, malditos bastardos, nunca los perdonaré.

Sin perdón.



martes, 25 de mayo de 2021

Poema para El almadar (tertulia del 26/05/21)

 Antes de abrir la puerta
 
Sigo atado al final de la sorpresa
esperando el silencio siguiente
                                               -viene de perfil-
entre palabras barullo arrastradas al espejo
donde habitan los lamentos de cadenas.
El tiempo juega con mi nombre, me invita a
levantarme, marcharme, huir
para evitar el estilete viajando con el aire de poniente
pasajero de alma pegajosa y sonrisa fácil.
 
Pero aquí estoy, la puerta sellada
sin poder escapar de esta cabeza imaginaria
que no entiende la noche perdida
después de lavarse los ojos con hidrogel.
Aquí estoy
buscando el silencio suficiente
la palabra no dicha necesaria
para descifrar el grito confuso
de aquel que se ahoga
cuando una rodilla uniformada
le revienta la garganta.
 
La puerta.
¿He intentado abrirla?